La delicia del sexo

19 03 2009
Candela Peña interpretando el film de Princesas

Candela Peña interpretando el film de Princesas

 

El barrio de Delicias de Zaragoza se suma a las capitales españolas que sufren a diario la prostitución callejera

 

 

La mítica Calle Montera de Madrid: el origen.

Ser prostituta en capitales de provincia y además ejercer en la calle, es cada día más difícil. Hace ya meses que el Ayuntamiento de Madrid decidió cerrar definitivamente el tráfico en la Casa de Campo. Sin cliente no hay prostituta. Y sin ellas, el mayor burdel de Europa tiene los días contados. El pasado verano Gallardón decidió darle forma de cámara de videovigilancia a las quejas de los vecinos de la céntrica calle de Montera en Madrid. Una treintena de estos aparatos registraba rostros de prostitutas y clientes, pero también de paseantes y vecinos. Otros, los que viven en dicha calle, decidieron instalar por su cuenta en sus balcones el mismo procedimiento para después alojar los videos en la popular Web Youtube. Un sinfín de acciones donde cada cual vela por si mismo.

Un ejemplo es Alejandro de Suñer. Natural de Tenerife son ya ocho los años que lleva residiendo en Madrid. “Parece increíble que rozando una de las calles más minimalistas de la ciudad, como es la Gran Vía, aquí exista todo esto”. Y Alejandro no exagera, alrededor de 120 prostitutas, según la Asociación de Nuevos Vecinos de Montera, trabajan en apenas 30 metros de calle. Donde además, “he tenido que lidiar con lo que parecían proxenetas para poder entrar a mi casa. Esto por lo tanto parece un problema de mafias donde no veo la solución cercana”. ¿Explotación a gran escala?

Capitales de provincia lidian con la prostitución callejera a diario

Puede que sí, pues la misma historia, donde Madrid ha sido como siempre pionera, podríamos trasladarla hacia algunos de los principales puntos españoles. Barcelona, Bilbao, Sevilla, Málaga, Valencia y más recientemente Zaragoza, están adquiriendo el mito sexual que caracteriza desde hace años a la calle donde vive Alejandro y otros muchos. Zonas colindantes a las ciudades como sucedía con la Casa de Campo madrileña, plazas públicas y parques urbanos, cascos antiguos, o franjas portuarias, como es el caso de Barcelona y Valencia soportan éste problema.

Lejos de ser las Zulemas o Cayetanas que en su día Fernando León diera vida en su Princesas, el contacto sexual se realiza en pensiones humildes cercanas, en los mismos parques, en el coche del propio cliente o incluso dentro de algunos portales de edificios de la zona. Donde los preservativos son la alfombrilla de bienvenida que ocupa el suelo bajo los buzones de los vecinos. “Más de una vez he tenido que despegarme de la suela del zapato alguno cuando recogía el correo al entrar”, nos decía de Suñer. “No consigo entender que no se haga nada rotundo”. “¿Es que esto es algo que sólo sucede aquí? ¿Si salimos de Montera nadie entiende la palabra prostitución?”, volvía a señalar Alejandro.

La respuesta para él la tenemos. En Sevilla, IU y PSOE iniciaron una norma antivandálica para perseguir la prostitución en las calles. Ordenanza que finalmente no fue incorporada por “no llegar a los consensos necesarios” según la concejal delegada de Convivencia, Nieves Hernández, como declaró ante los medios autonómicos.

Cuatro fueron los meses que duraron las negociaciones y muchas las lamentaciones, vertidas esencialmente desde el PP, impulsor de la iniciativa, y los vecinos de los barrios más afectados.

Fundamentalmente se pretendía ayudar a la prostituta con servicios prestados por la Policía Local sevillana así como imponer sanciones de hasta 3000 euros a los clientes.

Más al Sur pero con el mismo problema se encuentra Málaga. Las últimas noticias sobre la ciudad era el objetivo de instalar, a principios de 2009 un régimen como el sevillano. Además, Málaga extiende la norma a los clubes de alterne, donde una normativa más severa, sí es que algún día lo fue la actual, los registrará. El objetivo era repartir 2000 carteles y 10000 dípticos durante meses con un mismo mensaje: “No seas cómplice”.

El cliente, el bueno de la película

Más al Norte, Barcelona y Bilbao han sido las que han marcado el paso de ésta comparsa de procedimientos. Hace ahora dos años el Ayuntamiento de Barcelona aprobó lo que ellos llamaron la Ordenanza de Convivencia. Ésta sanciona con entre 125 y 500 euros tanto a las prostitutas como a los clientes. Y es en Barcelona donde se empieza a vislumbrar quien será el más perjudicado aquí. Pues mientras que tras tres meses de ordenanza eran ya muchas las prostitutas que habían sido multadas, solo un hombre podía decir lo mismo. Una segunda ciudad catalana, Lérida, se reitera en la tendencia barcelonesa. Desde los Mossos d´ Escuadra, la policía autonómica de la comunidad, dicen: “La ordenanza estipula dos fases. Los compañeros están obligados a pedir a las prostitutas que dejen de ejercer la actividad. Lo normal es que no quieran, así que hay una segunda instancia, donde se deriva en una sanción”. Ni el Partido Popular ni el Partido Socialista Catalán han querido declarar al respecto. Sin embargo, ICV (Iniciativa por Cataluña Verde) han sido tajantes ante nuestras preguntas: “criminaliza sexualmente a las trabajadoras. Y no debe entenderse así”.

 “Debemos entenderlo como un fenómeno social”

De hecho, la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (ANELA) en palabras de su representante, Mariló Femenía, define la prostitución callejera no como una traba a radicar sino como un “fenómeno social” que puede seguir dándose con “locales regulados y adecuados para las chicas”. Añade que el dictamen del Código Penal (Capítulo V) parece “endurecido especialmente” hacia la materia, haciendo que se “abran las puertas hacia la prostitución callejera”.

Por ello desde ANELA han decidido facilitar el uso de hoteles gratuitos a las prostitutas callejeras de Madrid. Con ello, vuelve a subrayar Femenía, “apoyaremos a las mujeres que no son tratadas con humanidad alguna. Y además, algo muy importante, obligaremos a que los asociados cumplan una serie de requisitos imprescindibles que hagan que las prostitutas tengan unas condiciones de trabajo dignas”. Bilbao parece la más cercana a ANELA, pues es la ciudad española que más enzurizada está frente a las medidas higiénicas y sanitarias de las chicas y clientes.

Y entre todo éste vorágine de fenómeno social o delito despierta el barrio de Delicias de Zaragoza una mañana de marzo más. El día anterior, al anochecer, a la vez que las luces artificiales van haciendo su función, las calles se quedan vacías. Resulta extraño que en estos días donde el tiempo es más típicamente estival, ningún vecino pasee o saque a su perro. Comienzas a entenderlo cuando te acercas al domicilio de cualquiera de los que por aquí residen. Elegimos la Calle Ávila, allí nos atiende una pensionista que todavía vive con su hijo mayo, Adelina Vicente. Se presenta y nos dice: “Ya lo veis, espero que vosotros podáis influir en algo porque ya no sé cuánto voy a poder aguantar sin dormir tranquila una noche más”.

La causa del insomnio de Adela son casi el centenar de coches que llegan a pasar para contratar los servicios de las prostitutas que se sientan por los portales de la calle. La gran mayoría de ellas son africanas y ninguna parece pasar de la veintena. Se posan en los pivotes verdes clavados en las esquinas para evitar el estacionamiento de los vehículos y ahí están hasta alrededor de las seis de la madrugada. Las calles del barrio de Delicias, no duermen. “Todo empieza alrededor de las 11 de la noche. Nosotros vivimos en un primero, así que imagínate. Es como tenerlas en la habitación metidas. He de reconocer que he llegado a tirar agua fría en invierno y caliente en verano, y que he visto como vecinos tiraban patatas o cebollas desde sus balcones. Pero es insufrible. A mí no me importa en el sentido de que no tengo obligación alguna a la mañana siguiente. Pero mi hijo por ejemplo, lleva meses sin dormir”. Las palabras de Adela son tajantes, ya no puede más. Su hijo, más joven, aporta otro sentido a la historia. Se llama Julio César Gil, tiene 49 años y su aspecto es duro. Es delgado, mucho. Pero su altura, su abundante pelo y barba negra y su grave tono de voz, te sugieren pronto un respeto hablando con él que no pierdes a pesar de llevar horas con ellos en ese 1º B. Julio nos narra como todas las noches, a eso de la una de la madrugada decide bajar a su portal a fumarse un cigarrillo. Es entonces cuando lo reconocen. “Distinguen bien entre clientes y vecinos. Además ya la hemos armado alguna vez con sartenes y ollas como protesta. Pero el Ayuntamiento no hace nada, mandan una patrulla cuando se acuerdan, algunos días y se las llevan algo más lejos, tampoco pueden detenerlas”, señala Julio.

Los preservativos sustituyen los juegos infantiles

“¡Además!”, se contraataca a sí mismo, “¡No pretendemos eso! No nos quejamos de su profesión, digna como cualquier otra. Y en la que seguramente ni siquiera están por su propia voluntad. Pero un niño no tiene porque escuchar “¡Ésta noche sólo por 20 euros sexo conmigo!”, que es como anuncian para todos sus ofertas. Sólo querem os que el Ayuntamiento sepa que aquí tiene una red corrupta de hombres que obligan a muchachas subsaharianas a vender su cuerpo a cambio de nada, muchas no vuelven nunca, ¿Qué han hecho con ellas?”, dice Julio. Nos sigue hablando largo y tendido y todas sus palabras plantean muchas reflexiones. En la Asociación de Vecinos vuelven a reiterar en cierto modo, sus palabras: “No queremos ser vistos como xenófobos o racistas. No se trata de eso. Sólo queremos que ejerzan en condiciones sanitarias, higiénicas y seguras lo que son totalmente libres de hacer. Y que nuestros hijos puedan volver a bajar a la calle a jugar”.

Una calle que hoy ocupan los restos de su trabajo. Y donde ya no quedan balones de fútbol de los chavales del barrio. Su ocupación masiva, cuando te acercas a ellas, la justifican tapándose la cara y mirando que nadie vigile, solo dicen dos palabras: “niños comer”. Dos bandos luchando por un objetivo común: el bienestar de los suyos. De los más pequeños. Ellos son los obreros que un día dieron vida y nombre al barrio que hoy parece irónico: Delicias. Ellas son alrededor de 1500. Y 5000 los hombres que las solicitan en toda la ciudad. Lo que suma 200 millones de euros al año en Zaragoza. Cantidad que plantea la necesidad de que siga existiendo, por el bien de muchos, tal profesión. Nadie sobra. Pues las condiciones favorables y la dignidad son las ausentes en el asunto.

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