Escuchar a Los Secretos en el año 1500

24 03 2009

El 10 de mayo de 1452 nacía en la localidad zaragozana de Sos del Rey Católico el primogénito de Juan II de Aragón y nieto del almirante de Castilla Fadrique Enríquez, Fernando el Católico. Poco queda ahora de él y sus descendientes. Salvo las piedras por las que el rey y su séquito paseaban. Sos del Rey Católico mantiene el tono medieval que un día envolvió el nacimiento del monarca aragonés.

Tapiz de Javier a la entrada del Castillo
Tapiz de Javier a la entrada del Castillo

Sos del Rey Católico combina su aspecto medieval con las costumbres más actuales

 Se encuentra situado en la zona más elevada de la comarca de las Cinco Villas, colindando con los primeros territorios navarros. Y quizá sea por ello que sigue manteniendo ese aspecto de ciudad fronteriza. Arcos y restos de pequeñas murallas, que facilitan a la imaginación la recreación de batallas, unen los techos de las calles.

 Suelos empedrados que acogen el frío típico de la comarca y hacen desear vestir las telas que un día arroparon el cuerpo del Infante Fernando. Será por éste viaje al pasado que a pesar del clima de la tierra la localidad merece una visita.

La villa que hace de cabeza de su comarca y que parece haber estallado en un pico de la Sierra de la Peña, fue declarada un día conjunto histórico artístico y bien de interés cultural. Y esto precisamente es en lo que parecen trabajar sus vecinos. Eso sí, a lo minimalista. Cuando te encuentras inmerso en la intensa historia de cada uno de sus rincones y tu ojo es ya parte del objetivo de una cámara, Sos del Rey Católico te sorprende. Contagiado por ese aparente despego por el lugar que dicen, sentía hacía Aragón Fernando II (pues en toda su vida no superó los tres años de permanencia en éstas tierras), el pueblo construye una segunda realidad lejos del siglo XVI. “Lugares de parada obligatoria” según los dueños de cada uno de los hotelitos con encanto que confluyen por la zona, como As Bruixas o El Principal!.  “Si queréis acabar con un 10 la visita”, decían Javier y Farnes, propietarios de una casa rural. Lugares de parada obligatoria que ofrecen caldos de invierno primos hermanos de Ferran Adrià que poco tienen que ver con la marca caracterizante de aquel siglo: los descubrimientos para el paladar de las especias y el azúcar, ese gusto predominante por el dulce que adornaba tartas, pastas y pasteles rellenos e incluso estofados. Sí, esa imagen de un rey frente una mesa kilométrica cubierta de manjares era cierta. Pero los de Sos sirven cocina de autor vestidos de cabrero. “Lasaña de setas al aceite de especias con confitura de tomate y cebolla frita”, así va ofreciendo el menú de cena la camarera de Ax Bruixas, María.

Y es ésta simbiosis entre siglos la que le da ese toque mágico a la localidad.

 Si la magia de los viajes en el tiempo no es suficiente para recorrer las calles soslayadas de Sos del Rey Católico, los restos de una de estas dos épocas que sirven como escenario de las celebraciones más actuales suele ser el convencimiento final.

Un ejemplo de ello es el Festival Luna Lunera. Canción de autor del siglo XXI como Los Secretos, Amaral, Ismael Serrano o Jaime Urrutia. El sonido eléctrico de sus guitarras explota en La Lonja Medieval de la localidad. Como si Fernando II, recién convertido en monarca católico, fuera a saludar a su pueblo. Tres arcos son el techo de estos cantantes. Y las alfombras que un día cubrieron el suelo de palacio, son los pies del cableado de tantos instrumentos musicales.

 Una mezcla entre siglos infinita. Una confluencia de tiempos donde sus vecinos, como decíamos, también han querido participar. Y es por ello que ofrecen infinidad de alojamientos inusuales. No es necesario centrarse en tan sólo uno, pues sus propietarios parecen haberse puesto de acuerdo en la explotación comercial de todos ellos.

Cualquiera que ocupes volverá a llevarte de migración por dos mundos. Los grandes techos lisos del loft de película más neoyorquino, con un amplío salón que cubre toda la estancia menos el cuarto de baño, cuero en los sofás, metacrilato en las mesas; se confunden con la madera áspera que resguarda del frío una casa con carácter rural. La mezcla de la madre naturaleza con la mano del hombre en su justa medida. El lujo a lo aldeano.

 Magia, magia y magia. Silencio, sosiego y soledad. Se podrían dar cientos de palabras en torno a ese ambiente de armonía que parece imposible conseguir en las civilizaciones actuales. Y no hablamos de la paz que trabajaba, o no, el rey católico. Sino de una conciliación, una avenencia interior que consigue dar todo aquel entorno.

 La cumbre para ello la alcanza el carácter religioso que rodea la zona. Lo místico de la religiosidad, sin entrar en la fe, consigue finalizar el manto que recluye en el lapso medieval el final de las Cinco Villas. Perteneciente ya a Navarra pero con más sentimiento aragonés aparece el Castillo de Javier. Un religioso que compartió media época con Fernando II y estrecho colaborador de Ignacio de Loyola y que dedicó su vida a las misiones en el Japón y las Indias. Hoy, un castillo y un convento se alzan en la dicotomía entre Navarra y Aragón rodeados de color aceituno y sonidos originarios de la savia que nace en los cerros que acatan la zona. Uno de los pocos lugares que actualmente puede darte el aislamiento anhelado en días de crisis mercantilista.


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