El Error Berenguer podría considerarse un preludio de Gasset de lo que supondría el proceso de transición de una dictadura a un intento de monarquía. Se presupone que si hablamos de un error monárquico transitorio es porque el sistema político anterior ha quedado tan maltrecho en su andadura, que no ha tenido tiempo de dedicarse a imaginar el sistema liberal que acontecería después. Y es que probablemente, el abandono de poder de Primo de Rivera actuara de gripe frente a la tan difícil normalidad que se intentaba retomar de manera constitucional, entre algunas otras.
Gripe que deterioró en colapso pero a la cual no sólo deberíamos buscar su causa en el preámbulo dictatorial sino en ella misma. Pues un error de enfoque podría considerarse lo de Berenguer. Sin hacer de detractor o partidario, hablan del General como el más liberal de los candidatos que su antecesor le presentó al Rey. Un liberal con una moderada oposición a la dictadura de Primo de Rivera, y es por ello que departamos que existían contradicciones desde sus inicios, independientemente de la situación previa que dibujara Primo de Rivera.
Y de General a político, o a falta de política. Pues es que Berenguer tampoco tenía carrera en dicha faceta y probablemente ello, a pesar de la grata bienvenida de sus propósitos, hizo mella en el agujero que se estaba creando en torno de la fortaleza monárquica. Sin política, poco tono estratégico puede tener cualquier frente al levantamiento de un estado. Y bien es sabido que cuando uno debe afrontar situaciones a las que está poco habituado, el objetivo se ralentiza tanto que puedes caer en la duda de los que te rodean frente a lo que, se supone, uno quiere alcanzar. Berenguer se quejaba del apartamiento de muchos que parecían liberales para él. Pero la vuelta a la Constitución se hacía tan lenta que muy probablemente, el propósito de Berenguer se mantenía en su mente mientras desaparecía en la de los intelectuales y políticos de la época. Y la espera y falta de resultados llevo a la calificación de una especie de dictablanda, y al entendimiento de las palabras de Ortega y Gasset publicadas en El Sol el 15 de noviembre de 1930.
Y de lo general a lo particular, de la falta de definición del sistema a la ausencia de un plan en la gran mayoría de facetas que a un gobierno le ocupan, como la económica por ejemplo. A estas alturas, parecía imposible la vuelta o recuperación de lo que Alfonso XIII un día pretendió.
Y la situación de que un hecho llevara a otro y el último al primero es precisamente lo que Ortega y Gasset denunció en su artículo El error Berenguer. Una política incongruente, que como bien él señalaba no era más que un traspié de muchos y no del presidente. “No el sujeto sino el objeto” del resbalón de un Consejo de Ministros, que decidió hacer como si aquí no pasara nada y que, por lo tanto, qué más daba quién fuera la mano gestora si se iba a seguir con los mismos vicios de la política española que habían inducido al hundimiento del sistema. Pero como bien señaló Ortega Y Gasset ahora residía una diferencia importante en todo ello: la opinión pública pasó de ser un mero espectador a agitarse frente a un régimen que no consideraban de su protección. Un distanciamiento hacia la figura del rey que adivinó Ortega y Gasset y que el pueblo acuñó bajo su popular frase “Delenda est Monarchia”. Aunque el acertijo no le sirvió para ver su final en El Sol y romper la imagen que hasta entonces se tenía del diario.
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