Pondré ejemplos que conozco. Desgraciadamente y sintiéndolo mucho por mi parte más superior, no conocí o fui contemporánea de cultos como Clive Bell o el grupo de Bloomsbury. Pero sí he podido ver, como muchos, algunas obras de ficción que han recreado la vida de algunos artistas que considero genuinos y autorizados para hablar de casi todo. Hablo de Virginia Wolf, que tan superior se creía que llenó sus piedras de bolsillos y jamás salió del río que rodeaba su casa; del dandy de la literatura, que tan superior se creía que necesita drogarse para escribir sus grandes frases. No creo que pensaran en las masas como algo inferior, como ese grupo que era incapaz de no compartir o entender su arte. Pues entonces hubieran sustituido el suicidio y los estupefacientes por aires de superioridad y un amor propio que no hubiera necesitado de nada de esto. Y sin embargo siguen estando en el recuerdo de muchos de nosotros. Por ello no es superior el arte culto. ¿Podríamos definir el arte inculto acaso?

John Carey cuestiona las diferencias entre el arte culto y el arte popular
Arte inculto podría relacionarse, para todos estos que consideran superior su antagónico, como el sinónimo de pobreza o pocos recursos que no permiten acceder a objetos que tocan tu sensibilidad, que te elevan. Pero si arte es subjetivad, si es simbolismo, si es interpretación del mundo, de lo social, de lo político, del amor o el sexo; ¿Quién tiene la potestad para decidir que conciencia y por lo tanto es culto? Y por ello podríamos decir que el arte no es culto o falto de esto, sino sentimiento. Quizá aquellos que dicen que el arte está falto de ésta superioridad es porque no les provoca ningún pasión o efecto lo que están viendo. Pero sí lo hacía en su autor. Pues jamás podremos sentir lo que otros sienten del mismo modo.
¿Podría ser por ello todo éste absurdo entramado definitorio de clase y subclase en el arte obra de los críticos? Si todo es subjetivo, los expertos deben volverse locos catalogando de adecuada o recomendada tal o cual obra. Quién no recuerda de hecho haberse llevado más de una decepción al visitar una exposición de ese autor al que todos nombran…
Pero precisamente porque no consideremos que se pueda o deba catalogar de uno u otro unas palabras o unas pinceladas nos planteamos inevitablemente algo que Carey parece dejar escapar: ¿Estamos catalogando entonces del mismo modo Las señoritas de Avignon de Picasso que el cuadro pintado por el que dice llamarse artista en nuestro entorno? Las obras de arte tienen valor porque un experto se lo da. Quizá sólo haya que esperar a que nuestro conocido tenga un golpe de suerte y alguien le de cuantía a su obra. Ya que no creemos que exista un examen objetivo que todos deban pasar una vez parezcan estar cerca de lo culto.
¿Y si Picasso no hubiera topado con ese alguien que lo catalogó de superior? ¿Se hubieran quedado Las Señoritas de Avignon, como algo muy bien hecho por el artista del pueblo, colgadas ahora en algún bar perdido?

Jaume Plensa en Arco'08
Y es por todo ello que nos planteamos si los que realmente nos sucede es que nos vemos obligados a agarrarnos y respetar una tradición e historial del arte sin replantearnos si esos objetos que la madre de Winterson adquiría podrían formar parte de nuestro estudio.
Lo mismo sucede de hecho con la literatura. Por tradición o apariencia “dándica”, parece necesario el mantener a la literatura por encima de la composición audiovisual. Si es cierto que la literatura es la única que estimula la imaginación del que lee las palabras de otro. Y que fluye tan rápido como es capaz el ojo humano de capturar las palabras. Si su medio son estas mismas, las palabras, es capaz de hacernos sentir también pensar, racionalizar, moralizar, aprender conceptos. Pero una imagen es capaz de pasar, en segundos, por todo el abanico posible de sentimientos humanos. ¿Y no es eso acaso lo que pretende el arte que dice llamase culto?
En definitiva, todo aquello que pueda hacer sentir, llorar, chillar, reír, razonar… a todo el universos de sentimientos humanos y tenga una influencia de alguien que un día sintió como. (Traducido al arte, que usó el mismo color para odiar u opinar, el mismo tema para criticar…) ¿Podría ser arte?
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